Estoy enojado
El enojo puede aparecer de golpe.
O puede venir acumulándose desde hace tiempo.
No vamos a pedirte que dejes de sentirlo.
Antes de hacer algo con él, podemos detenernos un momento y observar qué está pasando.
¿Qué se parece más a lo que te está pasando?
Cuando algo acaba de ocurrir, puede aparecer una necesidad muy fuerte de responder inmediatamente.
No significa que tengas que ignorar lo que pasó.
Podemos darte unos minutos antes de decidir qué hacer.
A veces el enojo que aparece hoy no pertenece solamente a lo que ocurrió hoy.
Puede haber varias situaciones acumuladas.
Vamos a intentar distinguir qué parte corresponde a este momento.
Hay situaciones en las que el enojo aparece porque sentimos que algo importante para nosotros fue ignorado, invadido o pasado por encima.
No necesitamos decidir todavía quién tiene razón.
Primero podemos reconocer qué fue lo que te afectó.
Lo que ocurrió ya ocurrió.
No necesitamos castigarte ni justificarlo.
Podemos observar qué pasó antes de tu reacción y qué querés hacer a partir de ahora.
No siempre podemos reconocer inmediatamente de dónde viene el enojo.
A veces primero aparece en el cuerpo, en los pensamientos o en la forma en que reaccionamos.
Podemos empezar observando eso.
Lo primero ahora es crear un poco de distancia.
Si sentís que podrías lastimar a alguien, lastimarte o perder el control, no intentes resolver la discusión en este momento.
Si podés hacerlo con seguridad, alejate de la situación y dejá a un lado cualquier objeto con el que alguien pudiera resultar lastimado.
Buscá la presencia o la ayuda de otra persona.
Si existe un peligro inmediato, buscá ayuda de emergencia de tu zona.
Podemos continuar con esta experiencia cuando estés en un lugar seguro.
Está bien detenernos acá.
Lo importante ahora es ocuparte de tu seguridad y de la de quienes estén con vos.
Antes de seguir, observá el cuerpo.
No intentes relajarte a la fuerza.
Solo fijate si hay tensión en algún lugar.
No necesitamos cambiarlo ahora.
Haberlo notado ya nos da un poco más de información.
Si separás por un momento el enojo de la situación:
¿qué ocurrió?
Intentá describir el hecho antes de explicar por qué ocurrió o qué intención tenía la otra persona.
Lo que escribas queda solamente en esta pantalla. No lo enviamos ni lo guardamos.
Cuando eso ocurrió, ¿qué apareció en vos?
A veces reconocer qué fue lo que nos afectó ayuda a distinguir el enojo de aquello que ocurrió debajo o alrededor de él.
Al principio había una palabra: enojo.
Ahora hay algunas cosas más precisas. No son una explicación definitiva: son respuestas que vos mismo fuiste eligiendo durante el recorrido.
El enojo puede seguir estando. Pero ya no es toda la historia.
¿Qué podés distinguir ahora que al principio estaba mezclado dentro del enojo?
¿Qué se parece más a tu situación ahora?
Puede ser importante hablar.
Pero no necesariamente tiene que ser ahora.
Antes de hacerlo, podemos observar qué querés que la otra persona comprenda.
Esperar no siempre significa evitar.
A veces significa elegir un momento en el que podamos expresar mejor lo que necesitamos decir.
El enojo puede estar señalando que algo importante para vos fue tocado.
Podemos intentar distinguir el límite que querés expresar de la manera en que apareció el enojo.
Hay decisiones que conviene no tomar en el momento de mayor intensidad.
No significa que la decisión sea incorrecta.
Significa que podemos darle un poco de espacio antes de elegir.
Lo que ocurrió ya ocurrió.
No podemos volver atrás.
Pero todavía podemos observar qué queremos hacer a partir de ahora.
No poder hacer algo ahora también puede ser una realidad.
No necesitamos inventar una solución.
Podemos observar qué parte depende de vos y qué parte no.
No hace falta decidirlo ahora.
A veces primero necesitamos entender mejor qué queremos proteger, expresar o cambiar.
También podés elegir detenerte acá.
No todo tiene que resolverse en este momento.
Antes de actuar, una pregunta más.
Si hicieras algo con esto ahora:
¿qué te gustaría que ocurriera después?
Saber qué resultado buscás no decide por vos qué tenés que hacer.
Solo ayuda a separar el impulso del resultado que realmente querés conseguir.
¿Querés seguir un poco más?
Podemos terminar acá.
No hace falta completar toda la experiencia. Si querés seguir de otra manera, podés probar gratis el primer día de Dejá de Sufrir.
Mirá una vez más lo que ya observaste.
Qué ocurrió.
Qué apareció en vos.
Y qué te gustaría que ocurriera después.
No hace falta decidir todavía.
Podés quedarte unos segundos con esas tres cosas antes de seguir.
Práctica breve
Podés escuchar esta práctica para crear un poco de espacio antes de responder.
No necesitás mirar la pantalla mientras suena. Podés pausarla o terminarla cuando quieras.
Cuando quieras, comenzá.
No pudimos reproducir el audio. Podés intentar nuevamente o continuar sin escucharlo.
La práctica terminó. Cuando quieras, podés continuar con la experiencia.
Antes de terminar, ¿qué pudiste observar ahora que al comienzo no estaba tan claro?
No hace falta que el enojo haya desaparecido.
El objetivo no era dejar de sentirlo ni llegar a una conclusión obligatoria, sino observar un poco mejor qué ocurrió, qué te afectó y qué querés cuidar antes de actuar.
Podemos terminar acá.
Tal vez el enojo siga presente.
No necesitás resolver todo ahora para haber podido mirar con un poco más de claridad lo que estaba pasando.
Si esta experiencia te ayudó a observar algo, podés seguir con el Día 1 gratis.
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Terminamos por ahora.
El enojo puede seguir ahí.
No hace falta resolver todo de una vez.
Podés cerrar esta página o volver cuando quieras.